Precalienta el horno a 170ºC, con calor arriba y abajo.
Bate las claras a velocidad media-alta, más o menos durante 1 minuto, hasta que estén esponjosas.
Añade el cremor tártaro y sigue batiendo hasta que se formen picos.
Ahora es el momento de añadir azúcar (sin dejar de batir), poco a poco, durante unos 2 minutos.
Por último, añade el extracto de vainilla y bate un poquito más para que se mezcle bien.
Ahora debería ser como un merengue, una textura espumosa y brillante, consistente, con los clásicos picos. Para estar segura de que es la textura correcta, yo meto las varillas en la mezcla y las vuelvo a sacar rápidamente: si se forman una especie de picos en la superfície, es que está perfecta para el siguiente paso.
Si el bol en el que has hecho la mezcla no es suficientemente grande, pásalo a otro de mayor tamaño.
Añade poco a poco (en tres o cuatro veces) la harina, y mézclala con el merengue con una espátula de silicona (¡no con la batidora!), con cuidado de no sacar el aire que hay en la mezcla para que no baje. Mézclalo muy bien para no encontrarte luego grumos de harina en el bizcocho (sí, a mí me ha pasado…) La razón de no poner toda la harina de una vez es precisamente para que puedas mezclar bien y sin que queden grumos. Es importante no remover mucho ni durante mucho tiempo para que se mantenga la consistencia.
Pon toda la mezcla en el molde especial para angel food cake, ¡sin engrasar! Pasa un cuchillo o espátula fina como si estuvieras “cortando” la mezcla para eliminar las posibles burbujas de aire que se hayan formado, y suaviza la superficie para que quede más o menos plana.
Mételo en el horno por unos 30-40 minutos, o hasta que esté dorado y al presionarlo un poquito con el dedo, vuelva a su forma original.
Sácalo y déjalo enfriar durante al menos una hora, y del revés, es decir, con la base del molde hacia arriba. Si tu molde tiene patitas, genial. Si no las tiene, colócalo sobre una rejilla elevada, para que circule el aire. Esto se hace para que el bizcocho no se aplaste al enfriarse, sino que quede igual de alto y esponjoso que recién salido del horno.
Una vez frío, sácalo del molde con ayuda de un cuchillo, espolvorea azúcar glas por encima, o colócale algunos frutos del bosque.